Se ríe con fuerza, pero es ruda cuando hay que serlo. Soledad Recabarren era bien conocida en el mundo tributario -por más de 15 años fue socia de EY-, pero logró más notoriedad en 2014 cuando se enfrentó al Ministerio de Hacienda por la Reforma Tributaria. Hoy ya no está en EY: fundó su propio estudio especializado en temas impositivos y pasó de ser miembro a coordinadora del comité tributario de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC). Reconoce que tiene una habilidad para detectar “hoyos” en el sistema y desde esa condición, analiza los principales programas de impuestos de los candidatos presidenciales.

¿Cómo ha visto el desarrollo del debate tributario en esta campaña?

-La mayoría ha hecho un buen diagnóstico, en el sentido de que dicen que se requiere simplificar la reforma porque efectivamente quedó como un moño de vieja, es decir, para poder ver dónde está el final hay que recorrerlo completo y así se llega a la otra punta. La segunda premisa que han marcado la mayoría de los candidatos es que hay que fomentar el desarrollo de las Pymes, que requieren un cuidado y preocupación especial. Eso se hizo con la Reforma Tributaria, se mejoró con la reforma a la reforma, pero aún falta para que las Pymes queden bien reguladas con políticas que las fomenten y las desarrollen y no las mantengan en el tiempo como Pymes. Por otro lado, cómo cada uno de ellos está pensando en simplificar, es harina de costales distintos. Conversando con técnicos más afines a una corriente y a otra, todos dicen que la existencia de dos regímenes es un dolor de cabeza, porque hay que coordinar dos sistemas. Se pasa de un sistema a otro porque se incorporó un nuevo socio, porque se subió el nivel de venta u ocurre algún hecho externo y hay que adecuar toda la contabilidad al siguiente sistema. Es complicado mantener esto y vamos tendremos un sistema general para todos y un sistema especial para Pymes y agricultores, en esos términos vamos a tener que movernos. Esto no significa que no vayan a coexistir sistemas, siempre van a coexistir, pero el punto es cuántos y cómo juegan entre ellos.

¿Lo ideal es que haya un solo régimen general?

-Tendrá que haber un solo régimen por todo lo que ocurrió en el Congreso con la Reforma Tributaria. Deberíamos estar hablando sobre un sistema de base retirada, es decir, que se aplique impuesto por la renta que genera la empresa y después se tribute por lo que retiran los socios y si esto va a estar integrado o desintegrado, ahí se entra en distintas corrientes.

¿Lo más eficiente es un sistema 100% integrado?

-Para aquellos que dicen que va a ser integrado el sistema, la pregunta es, ¿si va a ser integrado al 100% como era antes o parcialmente integrado como es ahora, que también produce complicaciones?, uno pensaría que las propuestas tienen que ir por una integración total, con una simplificación y con menos registros. La sola eliminación del régimen atribuido ya simplifica un tanto los registros. Cuando se mira la reforma no es tan malo el sistema de registros que se pensó para sustituir el FUT y la verdad es que todavía se puede simplificar más.

Se puede empezar a simplificar lo que hoy está en la ley, mantener gran parte de la ley, quitándole todos estos recovecos y diferencias y tratar de hacer el tema más sencillo. Por ejemplo, en la venta de bienes raíces cuando lo hace una persona natural hay alrededor de ocho opciones, de costos, de tasas, de bases. Eso también hay que simplificarlo, para que la persona tenga claro que si vendió una propiedad cuál es su utilidad y el impuesto. Esto tiene que ser simple y directo, porque entre más complicado es, se vuelve más fácil evitar o negociar un impuesto.

¿Por lo que plantea, de las propuestas que se conocen, tiene mayor nivel de concordancia con el plan de Sebastián Piñera?

-Es buena esa propuesta. Siempre que simplifiquemos e integremos facilitamos la aplicación de los impuestos. La pregunta que uno se hace es si con los compromisos sociales que se hicieron en este Gobierno, qué posibilidades reales tenemos de bajar impuestos y empezar a simplificar, porque hay que cubrir un gasto social. Entonces, si se bajan y se integran los impuestos se necesita más plata y hay que ver de dónde sale esa plata. Esa parte todavía no se ha dicho e imaginamos que la están evaluando, que están tratando de aminorar el efecto económico.

El sector de Piñera también ha dicho que su reforma no tiene que ser regresiva. ¿Cómo se cumple ello si por un lado se baja el impuesto corporativo?

-Si estamos en 2018 con una tasa de 27% y llega a estimar en su reforma que lo justo es el 24% o 25%, ¿cómo se va a bajar a ese nivel? Por lo menos, lo que han planteado los economistas con los que he tenido intercambios es que esto va a ser gradual, es decir, van a ir de 27% a 26%, luego a 25,5%. Se estima que van a ir reponiendo por crecimiento el efecto por una menor tasa, ahí se va logrando un equilibrio para que la recaudación no se vea afectada, pese a que se están bajando las tasas.

Pero algunos plantean que con el crecimiento no va a alcanzar. ¿Qué espacios de ajustes tiene el actual sistema de tributos?

-Creo que hay varias cosas que se pueden ir moviendo. Desde el punto de vista teórico siempre se dice que cuando hay daño a los recursos de un país o a la naturaleza, debería haber una mayor contribución, entonces hay que ver qué tanto se puede estirar esa cuerda. Por otro lado, está el impuesto global complementario que como país nos acostumbramos a que con una tasa de un 40% no estábamos acongojados, por lo tanto, se podría reponer el 40%. Siempre se habla de que el IVA podría ser más alto, ya hemos estado en Chile con un IVA del 20%, hay que pensar que con un punto de IVA se recaudan US$1.000 millones y si esa recaudación se canaliza en beneficios a los de más escasos recursos, pagarán IVA, pero van a tener muchos más beneficios que los que están pagando, por lo tanto, no es un tema sólo de subir el IVA, sino de cómo se compensa a los niveles económicos más bajos para que por ese poco más que se paga reciban más beneficios. También hay muchas exenciones, se dice que estas producen distorsiones. Hay 83 leyes especiales con franquicias, beneficios y exenciones. Revisémoslas, puede que algunas de ellas ya no sean necesarias.

¿Cómo ve las propuestas de Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez?

-Se ven declaraciones de principios. Por ejemplo se dice que los ricos paguen. La empresa de los ricos puede pagar siempre que la oferta no sea elástica. Si se traspasa el impuesto a precios, ¿quién lo paga?, no lo va a pagar la empresa, lo va a paga el que compra. Si se dice que van a pagar impuestos aquellos que ganan más de $120 millones al año, no hay problema en hacerlo, pero eso significa poner una sobretasa al final o modificar la escala del global complementario. Se dice que va a haber un impuesto al patrimonio, ahí hay temas de constitucionalidad porque normalmente los impuestos se aplican cuando me vuelvo más rico, no porque soy más rico. Se podría establecer este impuesto en la medida en que no sea expropiatorio.

¿Es plausible la idea de Guillier de generar royalty a la explotación de recursos naturales?

-Como en todas las cosas va a depender de las tasas y las rentabilidades. Si se dice que se va a aplicar el royalty a la acuicultura cuando están los números en rojo, terminaste de matar el negocio. Si esto se va a hacer sobre algún grado de rentabilidad o cuando se den ciertas condiciones, ¿por qué no? Hoy el royalty minero está fijado en función de los precios.

¿Reforma al SII?: “No ensuciemos las instituciones por errores personales”

¿Cómo ve las propuestas de Piñera y de otros sectores de avanzar en el SII hacia una institucionalidad colegiada para despolitizar el servicio?

-Creo que se está legislando sobre el problema. Cuando se mira hacia atrás a los directores del SII ¿alguien levantaría el dedo diciendo que Javier Etcheberry hizo las cosas mal? Creo que nadie se atrevería a decir eso. Tenemos por ahí un par de nubarrones que fueron influenciados, pero el resto ha sido gente súper derecha, honorable y no importando quién lo nombrara, cumplían su labor. Por lo tanto, no ensuciaría el organismo. Tal como un contribuyente malo no hace que todos los empresarios sean malos, un director nacional que haya tenido conductas influenciadas por la autoridad no significa que todo el resto haya sido igual. El SII ha sido súpero honesto, trabajador y muy claro. Sí podría de alguna manera independizarse más. Podría nombrarse al director por Alta Dirección Pública, pero el problema es que cualquier presidente puede pedirle que entregue su cargo. Entonces el problema no está en quién lo nombra, el problema es su remoción.

La definición no es que el SII sea un órgano súper autónomo o como trató de hacer Bachelet, refundar Chile. No hay que refundar Chile, mejorémoslo, tenemos una cultura y operamos en ella y si el funcionario elegido por el Presidente funciona perfecto, fantástico. Entonces no ensuciemos las instituciones por errores personales, pero sí creo que se puede mejorar.

¿Se debe desechar que sea un cuerpo colegiado?

-Creo que un ejército como el SII, que es un órgano multidisciplinario, quiere un comandante en jefe. Siempre he pensado que Fuente Ovejuna es mala porque todos terminan siendo responsables y al final nadie es responsable. Es sano que haya una cara visible. Ahora, que tenga un consejo atrás que lo apoye y asesore, es fantástico. Que eso sea un órgano colegiado, creo que no.

¿En qué otras mejoras hay que avanzar?

-Así como hay protección del consumidor, también desde adentro o fuera del servicio necesitamos a alguien que se preocupe de todos los contribuyentes, pensemos que las Pymes son el 965 del total de las empresas en Chile que no tienen acceso a asesores y al final de día muchos de los giros de impuestos les llegan por ignorancia. Esa gente merece que se preocupen por ellos, en eso se puede mejorar el servicios.

¿Qué opinión tiene sobre el proyecto de ley que avanza hacia el fin del secreto bancario para el SII?, ¿debe seguir legislándose?

-Ya sabemos que las cosas que se hacen apuradas no salen bien. Si tienen mucha urgencia en sacar la donación por la visita del Papa, saquemos la donación, pero si queremos ver el secreto bancario veámoslo con calma. Cuando vimos el proyecto nos dimos cuenta que esta es la punta de lanza. Efectivamente por norma OCDE en algún momento vamos a terminar con el secreto bancario, pero se dice que esto es para entregar aquella información de extranjeros que tienen inversiones en Chile, ahí nos damos cuenta que esta cosa va para otro lado. Regulemos las cosas de forma completa, no las hagamos a medias, porque si no vamos a regular esto y después en otra ley vamos meter una frase que diga que también rige para inversionistas chilenos. No mezclemos algo importante con algo urgente.

¿Podría verse este tema en la ley de bancos?

-Allí este tema también está sobre la mesa y está discutiéndose. Por eso, hagamos las cosas bien, a buenas razones ningún parlamentario va a decir que no.

Fuente: Pulso

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