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30.04.2026

De Excel a los agentes IA: La misma fragilidad, ahora automatizada

De Excel a los agentes IA: La misma fragilidad, ahora automatizada

Cuando la modernización no corrige la debilidad del proceso, la tecnología puede transformar un viejo problema en una nueva ilusión

Durante años, las planillas Excel fueron vistas como una herramienta indispensable para la gestión empresarial. Eran rápidas, flexibles, adaptables y, en muchos casos, parecían resolver lo que los sistemas formales no alcanzaban a cubrir. Permitían calcular, ordenar, proyectar, consolidar y controlar. Daban una sensación de autonomía. Y en no pocas organizaciones, terminaron convirtiéndose en el verdadero sistema detrás del sistema, sin embargo, con el tiempo apareció su cara menos visible.

Las planillas no solo ayudaron. También crearon una estructura paralela. Una capa de operación informal donde la información podía copiarse, modificarse, reenviarse, recalcularse y reinterpretarse sin suficiente trazabilidad, sin control de versiones, sin validaciones robustas y muchas veces sin una conexión clara con la evidencia que le daba sustento.

Lo que al principio parecía eficiencia, muchas veces terminó siendo fragilidad tolerada. Hoy, en medio del entusiasmo por los agentes IA, conviene preguntarse si no estamos frente a un riesgo parecido.

No porque los agentes sean equivalentes a Excel. No lo son. Son mucho más avanzados, más dinámicos y potencialmente mucho más poderosos. Pero precisamente por eso, si se implementan sobre procesos débiles, pueden transformarse en una nueva capa de sofisticación sobre un problema que sigue sin resolverse, ese es el punto crítico.

Porque una organización puede pasar de una planilla manual a un agente inteligente sin haber corregido el problema de fondo. Puede reemplazar fórmulas por automatización, celdas por respuestas conversacionales, y operaciones manuales por acciones asistidas. Pero si la lógica estructural sigue siendo débil, la modernización será solo aparente y eso en Contabilidad y Remuneraciones es especialmente delicado.

Lo que Excel enseñó, pero pocos quisieron ver.

Excel fue útil. Y lo sigue siendo en muchos contextos. El problema nunca estuvo en la herramienta misma, sino en el rol que terminó cumpliendo dentro de procesos críticos.

Muchas veces Excel pasó de ser apoyo a convertirse en sustituto. Sustituto del control, sustituto de la trazabilidad, sustituto del sistema y, en algunos casos, incluso sustituto del criterio estructurado.

Así comenzaron a proliferar archivos paralelos, cálculos no auditables, versiones múltiples, fórmulas invisibles, dependencias personales, ajustes manuales sin respaldo suficiente y decisiones importantes basadas en información que no siempre podía verificarse con claridad.

Ese fenómeno dejó una lección profunda: la flexibilidad sin estructura puede debilitar la verdad del proceso y esa lección hoy vuelve a estar sobre la mesa.

Porque los agentes IA, mal posicionados, corren el riesgo de ocupar un lugar parecido. No como planillas, sino como una nueva interfaz de operación y análisis que parece resolverlo todo, mientras por debajo persisten registros débiles, datos poco explicativos, evidencia incompleta, validaciones parciales y controles insuficientes.

Más velocidad no significa más verdad.

Uno de los grandes riesgos de toda nueva tecnología es que su capacidad visible haga olvidar la calidad invisible del proceso que la sostiene.

Los agentes IA pueden contestar rápido, sugerir acciones, detectar patrones, automatizar tareas y simplificar interacciones. Eso es valioso. Pero ninguna de esas capacidades corrige por sí sola la debilidad del dato.

Si la información de base es incompleta, insegura o no representa fielmente el hecho económico o laboral que dice reflejar, el agente no crea una nueva verdad. Solo opera más rápido sobre una verdad incierta.

Y eso puede ser más peligroso que el error manual, porque viene acompañado de una sensación de inteligencia, precisión y modernidad que muchas veces inhibe la crítica.

El problema ya no se ve torpe, ya no se ve artesanal, ya no se ve obsoleto; ahora se ve avanzado, pero puede seguir siendo el mismo problema.

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Testimonial Danilo Jaimes - Hidroplan

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El caso de Remuneraciones.

En Remuneraciones, esta advertencia es especialmente relevante. El proceso involucra contratos, anexos, jornadas, asistencia, incidencias, haberes, descuentos, liquidaciones, pagos, cuentas bancarias y datos personales sensibles. Si ese ecosistema no tiene perfiles claros, autorizaciones formales, segregación de funciones, respaldo suficiente en la evidencia y control íntegro del flujo, entonces ningún agente IA puede convertirlo mágicamente en un proceso confiable.

Podrá acelerar tareas, podrá asistir análisis, podrá entregar respuestas más rápidas; pero también podría amplificar inconsistencias, ocultar debilidades estructurales o hacer más opaca la relación entre el hecho laboral real y su representación en el sistema; ahí está el peligro.

El caso de Contabilidad.

En Contabilidad, el riesgo no es menor. Durante décadas se ha aceptado como normal trabajar con registros capaces de clasificar y cuadrar, pero no necesariamente de explicar en profundidad el hecho económico del que provienen. La distancia entre documento, contexto, interpretación y registro contable ha sido una debilidad histórica.

Si sobre esa base se agrega una capa de agentes IA, puede mejorar la experiencia de uso, la rapidez de consulta o la automatización de ciertas tareas. Pero si no se fortalece la estructura subyacente, la empresa corre el riesgo de sofisticar la apariencia sin corregir la debilidad del origen.

En ese escenario, el agente puede transformarse en una especie de “Excel conversacional”: más potente, más elegante y más cómodo, pero todavía dependiente de una base frágil.

La analogía correcta.

Por eso la analogía no consiste en decir que los agentes IA son iguales a Excel. La analogía correcta es otra: así como Excel muchas veces compensó con flexibilidad una debilidad estructural no resuelta, los agentes IA podrían compensar con inteligencia aparente una fragilidad que sigue intacta, esa es la advertencia.

No contra la IA, no contra los agentes; sino contra la tentación de presentar la nueva herramienta como si el problema de fondo ya estuviera resuelto, porque en procesos críticos, lo decisivo no es solo lo que la tecnología permite hacer. Lo decisivo es si la organización ha construido una arquitectura capaz de merecer esa tecnología.

La pregunta que importa.

La pregunta no es si los agentes IA son mejores que Excel, lo son.

La verdadera pregunta es si una empresa puede permitirse repetir, con una tecnología más sofisticada, el mismo error conceptual de las últimas décadas: delegar confianza en una herramienta sin haber corregido primero la debilidad del proceso, si eso ocurre, la historia se repetirá y solo cambiará la interfaz.

La salida real.

El verdadero salto no consiste en pasar de la planilla al agente. Consiste en pasar de la fragilidad a la estructura, eso exige procesos capaces de operar sobre datos fidedignos, trazables, íntegros y seguros. Exige vincular el registro con la evidencia, proteger los datos críticos, estandarizar la lógica de interpretación, controlar accesos y cambios, y asegurar que la información represente con fidelidad la realidad económica y laboral que la empresa necesita comprender.

Solo sobre esa base los agentes IA pueden agregar valor real, fuera de ella, el riesgo es claro: convertir una debilidad histórica en una debilidad automatizada, más rápida, más elegante y más difícil de cuestionar.

Conclusión.

Excel dejó una enseñanza que no debería olvidarse: la herramienta puede ser poderosa, pero cuando el proceso es débil termina funcionando como un parche sofisticado sobre una estructura frágil.

Los agentes IA prometen mucho más. Y probablemente harán mucho más, pero precisamente por eso, también exigen mucho más.

Si no operan sobre una base confiable, podrían transformarse en algo inquietantemente familiar: una nueva forma de convivir con el mismo problema, solo que ahora bajo la apariencia de inteligencia y en Contabilidad y Remuneraciones, esa no sería una verdadera evolución, sería apenas la misma fragilidad, ahora automatizada.

AUTOR:
Jorge Valenzuela

Jorge Valenzuela F.

Socio Fundador de Transtecnia S.A.

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