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En este mundo moderno, donde la visibilidad digital se ha convertido en moneda corriente, emerge un fenómeno que define nuestras interacciones y nuestra presentación de nosotros mismos: la egografía. Este término, que une ‘ego’ y ‘grafía’, refleja la creciente tendencia de individuos a exhibirse a sí mismos en plataformas digitales no solo para conectar, sino como una forma de buscar validación personal y social.
Contexto de soledad y desconexión
En un mundo donde las interacciones cara a cara están cada vez más suplantadas por conexiones digitales, muchos se encuentran sumidos en una paradoja de conexión constante y soledad palpable. La egografía emerge como un mecanismo compensatorio, donde las selfies y publicaciones en redes sociales se convierten en gritos silenciosos de “aquí estoy yo”, esperando ser reconocidos y afirmados por la mirada del otro. Esta búsqueda de validación a través de ‘likes’, comentarios y compartidos, sin embargo, a menudo profundiza el vacío en lugar de llenarlo.
Egografía como espejo de la cultura moderna
La egografía refleja y perpetúa las dinámicas de una cultura cada vez más individualista y exhibicionista, donde el valor propio parece medirse por la visibilidad y la atención online. En este contexto, la identidad se convierte en una construcción pública, maleable y sujeta a la aprobación masiva. Lo privado se hace público, y lo íntimo, espectacular. Este fenómeno tiene profundas implicancias en cómo percibimos nuestra autoestima y cómo gestionamos nuestras relaciones interpersonales.
Consecuencias psicológicas y sociales
Psicológicamente, la egografía puede alimentar una constante necesidad de aprobación externa, lo que puede llevar a un ciclo interminable de auto-escrutinio y perfeccionamiento. Socialmente, puede contribuir a una disminución de la empatía y un aumento de la competitividad, al fomentar comparaciones constantes entre individuos. Además, el foco en la autoexposición puede desviar la atención de problemas colectivos más amplios, limitando la capacidad de movilización y acción comunitaria.
Hacia una conexión más auténtica
Para contrarrestar la soledad y la desconexión que puede fomentar la egografía, es crucial fomentar formas de interacción más auténticas y significativas. Esto implica valorar las relaciones basadas en la empatía, el apoyo mutuo y la comunicación genuina, más allá de las pantallas. Es necesario redefinir nuestras medidas de autoestima y éxito, reconociendo el valor intrínseco de cada persona, independientemente de su visibilidad en las redes.
Conclusión
La egografía, como concepto y práctica, ofrece una lente crítica a través de la cual podemos examinar las interacciones modernas y sus efectos en el tejido social y personal. Al entender y cuestionar este fenómeno, podemos comenzar a imaginar y construir formas de conexión más profundas y menos condicionadas por la visibilidad digital y la validación externa. En última instancia, abordar la egografía es abordar nuestra propia humanidad en la era digital.
Autor: Jorge Valenzuela F.– Gerente General y Fundador de Transtecnia S.A.
de contabilidad, temas laborales, educación, tributarios e innovación

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Es la realidad, que tenemos y aprox. 15 años de malgastar inútilmente recursos donde no debíamos, orientar éstos a tecnificar…
Estimado, sus palabras no pueden ser más acertadas. Atentamente. Patricia.
Totalmente de acuerdo.
La verdad sea dicha, mientras existan profesionales que se dejen manipular para presentar EEFF irregulares, cualquier sistema que se invente…
Es muy cierto lo que usted describe, pero el o los culpables no son los que emiten informes en planillas;…