
La liquidación fue enviada. ¿Puede demostrarlo?
En muchas empresas, la gestión de remuneraciones se considera terminada cuando la liquidación de sueldo fue emitida y enviada al trabajador….
En Chile, el Estado se financia en gran medida gracias al Impuesto al Valor Agregado (IVA). Un impuesto que no discrimina, que se aplica a todos por igual y que se cobra cada vez que alguien compra un bien o contrata un servicio. A simple vista, parece una fórmula efectiva: recauda mucho, es automático, y difícil de eludir. Pero tras esa eficiencia técnica, se esconde una de las mayores injusticias estructurales de nuestro sistema tributario.
El IVA no es progresivo. No pregunta si tienes o no tienes, si sobrevives con lo justo o si acumulas millones. Es un porcentaje fijo (hoy 19%) que se aplica sin distinción. Pero las consecuencias no son iguales para todos. Para una familia vulnerable, que destina el 90% de su ingreso mensual al consumo básico, el IVA representa un golpe directo al bolsillo. Para una persona de altos ingresos, que ahorra o invierte parte importante de su renta, el impacto es mínimo.
Lo irónico es que muchos de esos productos básicos –como el pan, los medicamentos o los útiles escolares– también están afectos al IVA. Y es ahí donde la injusticia se vuelve cotidiana. La recaudación tributaria se apoya, en gran parte, sobre el consumo de quienes tienen menos, mientras que los impuestos progresivos –como el impuesto a la renta o a la riqueza– representan una parte mucho menor del total recaudado.
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Lo más grave no es solo cómo se recauda, sino cómo se gasta. Cada peso que entra por IVA debería ser tratado con la misma rigurosidad con que se le exige al contribuyente que lo pague. Pero eso no ocurre. A menudo, el gasto público en Chile carece de planificación estratégica, de evaluación efectiva de resultados, y de transparencia real. Hay recursos que se pierden en burocracia, licitaciones mal hechas, duplicidad de funciones, programas ineficientes o, directamente, en corrupción.
El Estado, financiado con el esfuerzo de todos, no tiene el mismo estándar de exigencia que aplica a los ciudadanos. La ley de compras públicas tiene hoy grietas, las auditorías internas son débiles, y las rendiciones muchas veces son meros trámites. En los municipios, ministerios y gobiernos regionales abundan los casos de gasto sin impacto, de inversiones mal pensadas, o de “planes pilotos” que jamás se transforman en política real.
Esa es la pregunta de fondo. ¿Por qué el ciudadano que compra pan para alimentar a su familia debe pagar un 19% adicional al Estado, pero ese mismo Estado no asume con seriedad el deber de cuidar cada peso que recauda? ¿Por qué seguimos pidiéndole a los más pobres que financien con su consumo un aparato estatal que no les rinde cuentas con la misma exigencia?
Chile necesita una reforma tributaria estructural, no solo para recaudar más, sino para recaudar mejor. Y eso implica revisar el IVA, establecer tasas diferenciadas para bienes esenciales, y avanzar hacia un sistema donde quienes tienen más, paguen más. Pero también necesitamos una reforma profunda del gasto público: con reglas más estrictas, con consecuencias reales por mal uso de fondos, y con un compromiso firme con la eficiencia, la transparencia y el impacto social.
El IVA seguirá siendo, probablemente, parte importante del financiamiento estatal. Pero no podemos seguir aceptando que la eficiencia en la recaudación sirva de excusa para la ineficiencia en el gasto. No se trata solo de números: se trata de dignidad, de justicia, de construir una relación más sana entre ciudadanía y Estado.
Porque cuando el Estado gasta sin control, mientras exige hasta el último peso del consumidor humilde, lo que se quiebra no es solo la economía: es la confianza en las instituciones y sus gobernantes.
Autor: Jorge Valenzuela F.– Gerente General y Fundador de Transtecnia S.A.
de contabilidad, temas laborales, educación, tributarios e innovación

En muchas empresas, la gestión de remuneraciones se considera terminada cuando la liquidación de sueldo fue emitida y enviada al trabajador….

Si Codelco fuese una empresa privada común, sin el respaldo del Estado de Chile, estaría enfrentando una situación financiera que exigiría una profunda reestructuración. No hablo de quiebra…

Durante años, muchas empresas administraron sus sistemas de remuneraciones bajo una lógica basada principalmente en la confianza….

Durante años, muchas empresas consideraron que la protección de los datos personales era una materia secundaria, reservada para abogados, grandes corporaciones o compañías tecnológicas….

Durante años, las empresas evaluaron sus sistemas de remuneraciones con una pregunta muy simple: ¿calcula correctamente los sueldos? Esa pregunta sigue siendo importante, pero ya no es suficiente….
Últimos comentarios
Es un muy buen análisis de la realidad de nuestro país, lamentablemente pareciera que esto no esta siendo entendido por…
Gracias por el comentario, es una gran verdad que nos debe hacer estar atentos y meditar en la ética profesional…
Plenamente de acuerdo con lo que asevera respecto de la Contabilidad y "cocina tributaria"
Jajaja, Roberto, gracias por el comentario. Te puedo asegurar que sí es mío. Esa es justamente mi esencia. Me alegra…
Dudo que el artículo sea de mi estimado Jorge Valenzuela. Saludos
2 comments on “El IVA: El impuesto invisible que financia un Estado ciego”
Nada que agregar, brillantes reflexiones Señor Valenzuela.
un IVA diferenciado no resuelve el tema de la injusticia, rebaja el costo de los bienes para pobres y también para ricos, el monto a recuperar con esa rebaja sería muy relevante , dudo que la autoridad y los políticos se atrevan a compensarlo con aumento significativo de impuestos a los más ricos.