
Cuando el Estado reconoce que la contabilidad ya no es útil
El reciente anuncio del Ministerio de Hacienda, considerando cambios en la forma de contabilizar los gastos asociados al nuevo sistema que reemplaza al CAE, a partir de las…
Había una vez, en los años en que la contabilidad todavía olía a papel y tinta de timbraje, un hombre llamado don Carlos Vicencio. Dueño de un estudio contable, tenía un ritual mensual: dos camionetas salían temprano, cargadas solo de choferes y paciencia, a recorrer las empresas de sus clientes.
En cada oficina recogían pilas de facturas de compras y ventas. Cuando volvían, lo que seguía parecía un cuartel: un regimiento de digitadoras volcaba los números en los sistemas y clasificaba las carpetas, con el único fin de tener todo listo “por si acaso” llegaba una auditoría. Era un trabajo lento, repetitivo, y costoso.
Pero un día todo cambió. El Servicio de Impuestos Internos (SII) anunció que las facturas ya podían obtenerse en formato digital: nacían los Documentos Tributarios Electrónicos (DTE). Para muchos era una novedad extraña, casi sospechosa. Para don Carlos fue una revelación.
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Con esa decisión, las camionetas dejaron de salir. Las digitadoras ya no eran necesarias para capturar datos que ahora viajaban directo desde los servidores del SII. La contabilidad de sus clientes empezó a estar disponible casi en tiempo real. Menos errores, menos costos, más confianza.
En esos mismos días, en una reunión entre contadores, don Manuel García, un profesional reconocido en Providencia, comentó con orgullo que él seguiría trabajando con digitadoras: “me cuestan poco y además me hacen otros trámites”. Su voz sonaba segura, pero en realidad estaba firmando su propia sentencia. Mientras don Carlos crecía, don Manuel se fue quedando atrás. Sus servicios perdieron valor, sus clientes se marcharon, y terminó sobreviviendo con apenas unos pocos.
La historia tiene moraleja: el progreso no espera a nadie.
Hoy, otra revolución golpea la puerta. La contabilidad ya no es solo para cumplir y archivar, sino para gestionar y decidir. Nace un nuevo lenguaje de los negocios: el Ecosistema Fintech Contable (EFC), que convierte los números en estrategia, control y futuro.
Al igual que entonces, hay dos caminos:
📌 Adaptarse, como don Carlos, y crecer.
📌 Resistirse, como don Manuel, y volverse irrelevante.
La elección, otra vez, está en manos de cada contador. Si quieres continuar la historia de don Carlos… ¡ Contactanos !
Autor: Jorge Valenzuela F.– Gerente General y Fundador de Transtecnia S.A.
de contabilidad, temas laborales, educación, tributarios e innovación

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Últimos comentarios
Es la realidad, que tenemos y aprox. 15 años de malgastar inútilmente recursos donde no debíamos, orientar éstos a tecnificar…
Estimado, sus palabras no pueden ser más acertadas. Atentamente. Patricia.
Totalmente de acuerdo.
La verdad sea dicha, mientras existan profesionales que se dejen manipular para presentar EEFF irregulares, cualquier sistema que se invente…
Es muy cierto lo que usted describe, pero el o los culpables no son los que emiten informes en planillas;…
1 comment on “El fin de las camionetas de don Carlos”
Me parece bien el comentario hay que adaptarse a las nuevas tecnologías