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Boletín Informativo
19.07.2026
Este Mundial es mucho más que fútbol: La fuerza invisible que permite competir, progresar y triunfar
El Campeonato Mundial de Fútbol es mucho más que una competencia deportiva. Es uno de los pocos acontecimientos capaces de reunir a países diferentes, despertar emociones colectivas y recordarnos que los seres humanos podemos superar nuestras aparentes limitaciones cuando encontramos algo por lo cual luchar.
En el Mundial no compiten solamente jugadores, entrenadores, tácticas o presupuestos; compiten historias, compiten identidades, compiten formas de enfrentar las dificultades, compiten la pasión, el coraje, la disciplina, la humildad y la capacidad de trabajar juntos por un propósito compartido.
Por eso este campeonato está siendo maravilloso, porque nos muestra que para ser grande no siempre es necesario provenir del país más poderoso, disponer de los mayores recursos económicos o contar con las mejores condiciones. La grandeza también puede nacer de una fuerza interior: de la convicción de que es posible, del amor por lo que se hace y de la decisión de entregar todo por un sueño.
Argentina: jugar por amor a una camiseta, por tu pais
Argentina representa la pasión. Cada partido parece jugarse no solamente con los pies, sino también con el corazón. Sus jugadores sienten que detrás de ellos existe un país entero, una historia, una camiseta, una identidad construida alrededor del fútbol.
La selección argentina alcanzó nuevamente la final después de remontar un partido extraordinariamente difícil frente a Inglaterra qie es parte de una historia dolorosa; su entrenador destacó precisamente el espíritu de equipo, la hermandad y la decisión de no rendirse.
Esa pasión no garantiza siempre la victoria, pero genera una energía especial. Argentina enseña que cuando las personas sienten amor por aquello que representan, son capaces de encontrar fuerzas cuando aparentemente ya no quedan.
No juegan solamente para cumplir una tarea, juegan por su país, por sus familias, por sus compañeros, por su historia y por millones de personas que sienten que también están dentro de la cancha. Esa es la diferencia entre hacer un trabajo y abrazar un propósito.
Noruega: todos al ritmo del mismo tambor
Noruega nos dejó la imagen del tambor, un tambor que no representa ruido ni celebración vacía; representa orden, coordinación, disciplina y propósito compartido. Cuando el tambor marca el ritmo, todos saben cuándo avanzar, cuándo resistir y cuándo realizar el esfuerzo adicional.
Nadie busca remar para su propio lado, nadie intenta imponer un ritmo personal; todos comprenden que el resultado depende de actuar como un solo cuerpo.
Noruega llegó hasta los cuartos de final y obligó a Inglaterra a disputar un intenso tiempo suplementario, pero su principal enseñanza va más allá del resultado. Nos recuerda que un equipo no se construye solamente reuniendo personas talentosas; un verdadero equipo surge cuando existe un propósito compartido, un ritmo común, confianza entre sus integrantes, disciplina para cumplir cada función y disposición a sacrificarse por los demás.
El tambor simboliza la conducción, pero también simboliza algo más profundo: la voluntad de escuchar, coordinarse y avanzar juntos. Una empresa, una institución o un país también necesita su propio tambor; necesita una señal que recuerde diariamente hacia dónde va, qué propósito persigue y por qué necesita que todos remen en la misma dirección.
Cabo Verde: la humildad que se transforma en grandeza
Cabo Verde representa el coraje. Un país pequeño, con recursos limitados y sin la historia futbolística de las grandes potencias, fue capaz de participar en su primer Mundial y competir sin complejos frente a campeones del mundo.
Empató con España, desafió a Uruguay y llevó a Argentina hasta el tiempo suplementario en un partido que terminó 3-2; Argentina avanzó, pero Cabo Verde obligó al campeón vigente a sufrir hasta el final.
Cabo Verde no necesitó presentarse como una potencia para actuar con grandeza; tuvo humildad para reconocer sus condiciones, pero nunca confundió humildad con inferioridad. Esa es una enseñanza poderosa: ser humilde no significa pensar que no podemos, significa conocer nuestras limitaciones sin permitir que ellas determinen nuestro destino.
Cabo Verde demostró que se puede tener menos y, aun así, competir. Se puede llegar sin privilegios y marcharse con el respeto del mundo; se puede ser pequeño en tamaño, presupuesto o trayectoria, pero enorme en coraje, dignidad y convicción.
La riqueza que no aparece en los balances
Habitualmente creemos que el éxito depende principalmente de los recursos: más dinero, más infraestructura, más tecnología, más especialistas, más experiencia. Todos esos elementos importan, pero este Mundial nos recuerda que los recursos materiales no son suficientes cuando falta la fuerza humana que les da sentido.
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Un equipo puede tener grandes figuras y no ser un gran equipo; puede tener recursos y carecer de propósito; puede contar con tecnología y no tener disciplina; puede poseer talento y no saber trabajar unido; puede tener una estrategia perfecta, pero no disponer del coraje necesario para ejecutarla.
La verdadera riqueza de una organización también está compuesta por activos que no siempre aparecen en sus balances: la pasión, la confianza, la disciplina, la perseverancia, la humildad, el sentido de pertenencia, la capacidad de levantarse, la voluntad de luchar por los demás, el orgullo de representar algo más grande que uno mismo. Son fuerzas invisibles, pero muchas veces son las que deciden los resultados.
Competir por amor, no solamente por ganar
El Mundial también nos muestra que existe una forma superior de competir. Competir no es destruir al adversario, es enfrentarse a él con respeto y utilizar ese desafío para descubrir de qué somos capaces.
El adversario nos obliga a prepararnos, nos exige mejorar, nos muestra nuestras debilidades, nos empuja a superar nuestros límites. Por eso competir puede ser una manifestación de amor: amor por una actividad, amor por una camiseta, amor por los compañeros, amor por un país, amor por un sueño que le entrega sentido a la vida.
La pasión auténtica no consiste solamente en celebrar cuando se gana, se demuestra principalmente cuando el camino se vuelve difícil y, pese a ello, se decide continuar.
La enseñanza para nuestras empresas
Las mismas preguntas que este Mundial plantea a los equipos podrían formularse dentro de cualquier organización: ¿existe pasión por lo que hacemos?, ¿comprendemos qué representamos?, ¿tenemos un propósito compartido?, ¿quién toca el tambor que coordina nuestros esfuerzos?, ¿estamos remando todos en la misma dirección?, ¿tenemos la humildad necesaria para aprender?, ¿poseemos el coraje para competir con organizaciones más grandes?, ¿confiamos en nuestra propia capacidad?, ¿estamos dispuestos a realizar un esfuerzo adicional por nuestros compañeros?
Las empresas también juegan campeonatos todos los días, compiten por clientes, por innovación, por talento, por confianza y por permanecer vigentes. Sin embargo, ninguna estrategia podrá reemplazar la energía de un equipo que cree en lo que hace.
La fuerza nace desde dentro
Argentina nos enseña la pasión y el amor por aquello que se representa. Noruega nos recuerda la importancia del ritmo, la disciplina y el trabajo colectivo. Cabo Verde nos muestra que la humildad y el coraje pueden convertir a un pequeño en un gigante.
Tres historias diferentes que transmiten una misma enseñanza: la verdadera posibilidad de progresar y triunfar no proviene únicamente de los recursos que poseemos, sino de la energía interior que somos capaces de despertar y compartir.
Este Mundial es mucho más que fútbol; es una demostración de que los seres humanos necesitamos propósitos que nos movilicen, compañeros en quienes confiar y sueños suficientemente grandes como para entregar lo mejor de nosotros mismos.
El dinero puede contratar talento, la tecnología puede mejorar el rendimiento, la infraestructura puede facilitar el camino; pero ninguna de ellas puede comprar la pasión, fabricar el coraje ni reemplazar la voluntad de un equipo que ha decidido luchar unido, talvez el punto principal.
La grandeza no comienza cuando tenemos todos los recursos, comienza cuando encontramos una pasion poderosa, esa llama para avanzar, competir y no rendirnos.
Jorge L. Valenzuela.
Socio Fundador de Transtecnia S.A.
Artículo elaborado con apoyo editorial de IA.
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Es un muy buen análisis de la realidad de nuestro país, lamentablemente pareciera que esto no esta siendo entendido por…
Gracias por el comentario, es una gran verdad que nos debe hacer estar atentos y meditar en la ética profesional…
Plenamente de acuerdo con lo que asevera respecto de la Contabilidad y "cocina tributaria"
Jajaja, Roberto, gracias por el comentario. Te puedo asegurar que sí es mío. Esa es justamente mi esencia. Me alegra…
Dudo que el artículo sea de mi estimado Jorge Valenzuela. Saludos