
Cuando el Estado reconoce que la contabilidad ya no es útil
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En 2010, Chile captó la atención del mundo entero con un acto de humanidad, tecnología y liderazgo: el rescate de los 33 mineros atrapados en la mina San José. A 700 metros de profundidad, durante 70 días, el país trabajó sin descanso y con excelencia para devolver con vida a cada uno de los trabajadores. No fue solo un éxito técnico; fue una demostración de lo que ocurre cuando el Estado, las empresas y la sociedad colocan la vida humana como prioridad absoluta.
Quince años después, enfrentamos un contraste doloroso: el derrumbe en la mina El Teniente de Codelco, el 31 de julio de 2025, terminó con seis trabajadores muertos. Uno falleció de inmediato y cinco quedaron atrapados a casi 900 metros de profundidad. Tras días de incertidumbre, se confirmó lo más temido: no hubo sobrevivientes.
Según reportes de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), la accidentabilidad en minería ha aumentado en un 62% en los últimos años. Esto, en un sector de alta exposición al riesgo y de importancia estratégica para el país, debería encender todas las alarmas. Más aún cuando las investigaciones en curso señalan que existieron advertencias previas al accidente: movimientos sísmicos detectados, condiciones de inestabilidad geológica, y protocolos que posiblemente no se activaron a tiempo.
El Ministerio del Trabajo, a través de su Dirección del Trabajo, tiene la obligación de fiscalizar rigurosamente las condiciones de seguridad en las faenas mineras, especialmente en aquellas con antecedentes de riesgo. Sin embargo, no se ha transparentado si hubo inspecciones recientes en El Teniente ni qué medidas se tomaron tras las primeras señales de alerta.
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Más preocupante aún es que recién después del accidente se anuncien investigaciones y se inicien procesos de revisión. Esta reacción tardía evidencia una debilidad institucional en la fiscalización preventiva, y pone en cuestión la capacidad del Estado para cumplir su rol más básico: proteger la vida de sus trabajadores.
Chile ha sido históricamente un referente mundial en minería. El rescate de los 33 fue un ícono global de resiliencia, innovación y responsabilidad. Hoy, la tragedia en El Teniente proyecta una imagen distinta: falta de prevención, institucionalidad debilitada, y una cultura de seguridad que parece haber retrocedido.
Esto no es menor. En un mundo donde los inversionistas, los mercados y los consumidores valoran cada vez más los estándares ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), este tipo de accidentes sin sobrevivientes, y en la empresa minera más importante del país, afectan gravemente la reputación internacional de Chile como líder confiable en minería.
Este no es un debate político. Es un llamado ético, técnico y humano. La diferencia entre lo ocurrido en 2010 y lo vivido hoy no está en el tipo de roca ni en la profundidad del socavón. Está en la voluntad de prevenir, de actuar a tiempo, de asumir responsabilidades y de priorizar la vida por sobre la producción.
La historia nos observa. Los trabajadores lo exigen. Y el país lo merece. Que nunca más la respuesta llegue tarde. Que nunca más muramos por hacer mal lo que ya sabíamos hacer bien.
Autor: Jorge Valenzuela F.– Gerente General y Fundador de Transtecnia S.A.
de contabilidad, temas laborales, educación, tributarios e innovación

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Últimos comentarios
Es la realidad, que tenemos y aprox. 15 años de malgastar inútilmente recursos donde no debíamos, orientar éstos a tecnificar…
Estimado, sus palabras no pueden ser más acertadas. Atentamente. Patricia.
Totalmente de acuerdo.
La verdad sea dicha, mientras existan profesionales que se dejen manipular para presentar EEFF irregulares, cualquier sistema que se invente…
Es muy cierto lo que usted describe, pero el o los culpables no son los que emiten informes en planillas;…
1 comment on “33-0 rescatados / sobrevivientes: Señales que no se pueden ignorar.”
Recuerdo que un contralor de una empresa en la que trabajado, después de contarle los problemas, a mi juicio, graves en la gestión administrativa de mi área, me preguntó: ¿Murió alguien?…no, le dije; a lo cual me replicó: entonces, no es tan grave.
Sin duda, cuando hay que lamentar la pérdidas de vidas humanas, estamos ante una situación muy grave y tal como se menciona en este excelente Artículo, justifica plenamente las auditorías preventivas por sobre las correctivas. Lamentablemente las fiscalización preventiva, al menos en la empresa privada, es muy difícil o casi imposible de cuantificar en términos de los beneficios que significan para la empresa y sólo se ven como un costo. Ciertamente esta tragedia debe servir para poner estos temas sobre la mesa en orden a cambiar la cultura organizacional.