El nuevo lenguaje de los negocios no es una teoría: es la solución.
El Crédito con Aval del Estado (CAE) no es solo un problema financiero, político o social. Es, ante todo, la evidencia más clara de que la contabilidad que hoy utiliza el Estado no es capaz de representar la complejidad económica de los compromisos modernos. El CAE ha dejado al descubierto una verdad incómoda: seguimos intentando gobernar el siglo XXI con herramientas contables diseñadas para el siglo XV.
La contabilidad tradicional funciona bajo una lógica simple: “Reconozco cuando pago.”
Mientras no exista un egreso efectivo de caja, el hecho económico no existe contablemente.
Este principio es útil para gastos operativos simples, pero se vuelve insuficiente cuando enfrentamos instrumentos financieros complejos, de largo plazo, con riesgo probabilístico y con garantía estatal, como el CAE.
Porque el CAE no es un gasto, no es una transferencia directa y no es una subvención tradicional; el CAE es un contrato financiero donde el Estado asume una obligación potencial futura y esa obligación nace en el momento en que se firma el contrato, no cuando la garantía se ejecuta.
Ahí está la fractura estructural con la contabilidad tradicional: el sistema no reconoce compromisos, solo reconoce pagos.
Durante años, el Estado asume una responsabilidad económica real, medible y proyectable, pero contablemente invisible; el riesgo fiscal existe, pero no aparece reflejado con claridad en los estados financieros; la verdad económica está, pero no se ve.
Esto no significa que el CAE esté “mal contabilizado”, significa algo mucho más profundo: está fuera de la capacidad conceptual de la contabilidad tradicional y esto convierte al CAE en un caso paradigmático; no es solo un problema de financiamiento estudiantil, es la prueba de que Chile necesita una nueva contabilidad y, con ella, un nuevo lenguaje de los negocios.
Un lenguaje donde:
📌 La evidencia no sea el pago, sino el contrato.
📌 La trazabilidad no sea un archivo muerto, sino un flujo vivo de información.
📌 La provisión no sea una cifra fija, sino un modelo dinámico de riesgo.
📌 La contabilidad no sea un libro histórico, sino un sistema de inteligencia económica.
En el nuevo lenguaje de los negocios, el contrato CAE se transforma en la evidencia primaria del hecho económico, ese contrato deja de ser un documento legal archivado y pasa a ser un objeto contable vivo, cargado de metadatos:
✅ Monto garantizado.
✅ Plazo.
✅ Banco involucrado.
✅ Beneficiario.
✅ Porcentaje de aval estatal.
✅ Probabilidad histórica de incumplimiento.
✅ Valor presente del compromiso fiscal.
Ese contrato es la verdad económica inicial; luego aparece el voucher, que ya no es solo un asiento contable, sino una interpretación algorítmica: “Por la existencia de este contrato, el Estado asume una obligación contingente cuyo valor económico esperado es X”; no impacta caja inmediatamente, pero impacta el mapa de riesgo fiscal del país.
La provisión deja de ser un número fijo y pasa a ser una función: Provisión = Monto garantizado × Probabilidad de incumplimiento × Factor de recuperación.