Durante décadas, las Universidades e Institutos formaron excelentes profesionales para un contexto que ya no existe. Un mundo de papeles, procesos manuales, cierres mensuales tardíos, sistemas aislados y contabilidad entendida como “registro” y “cumplimiento”; ese mundo fue real, pero ya no es el mundo en que operan hoy las empresas.
Hoy la contabilidad vive dentro de: Sistemas integrados, plataformas Fintech, automatización bancaria, facturación electrónica, inteligencia artificial, Business Intelligence, algoritmos de validación y control y evidencia digital trazable.
La contabilidad dejará de ser un “registro” para convertirse en un sistema de información algorítmico y eso no se está enseñando.
El problema no es tecnológico, es conceptual.
La mayoría de las mallas curriculares siguen formando profesionales para: “Registrar” operaciones, “Revisar” documentos, “Preparar” balances y “Cumplir” con impuestos; pero no los forman para: Diseñar modelos de información, entender algoritmos contables, interpretar flujos de datos, trabajar con evidencia digital, validar trazabilidad, integrar sistemas, usar BI para la gestión y convertir datos contables en decisiones es como formar ingenieros mecánicos para motores a vapor cuando el mundo ya es eléctrico.
Hoy la contabilidad es un lenguaje algorítmico del negocio.
Cada registro contable es el resultado de: Un algoritmo, una regla de validación, una estructura de datos, un modelo de evidencia, un flujo de integración; pero la mayoría de los contadores no sabe: ¿Qué es un algoritmo? ¿Cómo se construye? ¿Cómo se valida? ¿Qué significa que un sistema “muestre la verdad económica”? ¿Qué es trazabilidad real? ¿Y qué es evidencia versus interpretación?
Usan sistemas que no comprenden, hablan un lenguaje que no dominan y confían en resultados que no pueden explicar; eso no es profesionalismo, es dependencia tecnológica y obsolescencia profesional.