Un país no puede diseñar políticas públicas eficaces si no conoce con certeza el estado real de sus finanzas, de sus empresas y del uso de los recursos públicos. Cuando los números no reflejan fielmente la realidad por informalidad, falta de trazabilidad, sistemas de información deficientes o registros poco rigurosos, las decisiones se toman a ciegas. Y gobernar a ciegas no solo es ineficiente: es éticamente riesgoso.
La ética pública no se agota en discursos ni en declaraciones de principios. Comienza en algo mucho más concreto: la trazabilidad de cada peso recaudado y gastado. Sin trazabilidad no hay control; sin control no hay responsabilidad; y sin responsabilidad, la confianza se erosiona. La falta de rigor en la administración de los recursos públicos no solo desperdicia oportunidades de desarrollo, sino que socava la legitimidad del Estado y profundiza la desigualdad.
Chile ha contado históricamente con importantes ventajas comparativas, especialmente en la minería. Esa riqueza ha sido una fortaleza, pero también ha generado una peligrosa complacencia: esperar que el precio del cobre o del litio compense nuestras debilidades en productividad, innovación, gestión y control del gasto. El resultado ha sido un crecimiento promedio cercano al 2% en la última década, acompañado de un aumento significativo del endeudamiento y del uso de ahorros fiscales acumulados.
Por ello, la pregunta que enfrenta hoy el nuevo gobierno es tan incómoda como necesaria:
¿Qué modelo de desarrollo queremos construir cuando los ciclos favorables de los commodities no basten para sostener el gasto, la inversión y el bienestar social?
La respuesta no está en más o menos impuestos aislados del contexto. Está en reconstruir la base del crecimiento sobre verdad económica, ética en la gestión y trazabilidad efectiva de los recursos públicos. Medir bien, registrar con rigor, transparentar el uso de los fondos y evaluar resultados con datos confiables no es un tecnicismo contable: es una condición esencial para un desarrollo justo y sostenible.
Señor Presidente, al igual que usted, queremos lo mejor para Chile; entendemos que nuestro país necesita crecer. Pero crecer con confianza.
Y la confianza solo se construye cuando los números dicen la verdad y cada peso fiscal puede ser seguido, explicado y evaluado.
Sin verdad económica, no habrá crecimiento.
2 comments on “Carta abierta al nuevo gobierno”
Totalmente de acuerdo.
Estimado, sus palabras no pueden ser más acertadas. Atentamente.
Patricia.