La inteligencia artificial acelera el cambio.
La IA no evalúa reputación, evalúa coherencia; cruza: Documentos, pagos, fechas y contratos no aceptan fácilmente contradicciones, si el dato no tiene origen verificable, pierde valor.
Por primera vez, la tecnología exige algo que antes era imposible: consistencia sistémica.
Entonces… ¿Termina el contador?
Todo lo contrario, termina algo distinto, termina la necesidad de discutir eternamente sobre lo ocurrido.
El contador deja de ser reconstructor del pasado y comienza a ser intérprete estratégico de evidencia confiable; el rol se eleva y no desaparece.
El verdadero cambio.
Durante décadas confundimos dos cosas: opinión profesional con comprensión económica; la opinión intentaba llenar vacíos informacionales; cuando esos vacíos disminuyen, cambia la función, el contador deja de justificar números y comienza a explicar consecuencias.
Lo que viene.
La economía seguirá teniendo expectativas, probabilidades y riesgos; el futuro nunca será exacto, pero el pasado puede ser verificable. Ese es el cambio: no eliminamos el juicio humano, lo apoyamos en hechos observables.
La verdadera revolución.
No consiste en eliminar profesionales, consiste en algo más profundo: pasar de confianza personal a confianza estructural, donde la pregunta principal ya no es: ¿Quién lo dice? Si no: ¿Qué evidencia lo demuestra?
Durante siglos pedimos opiniones porque no podíamos ver completamente la economía. Hoy comenzamos a construir un mundo donde los hechos pueden hablar por sí mismos.