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La sabiduría humana ha sido, desde tiempos inmemoriales, el eje que da sentido y dirección a nuestras vidas, culturas y sociedades. Más que una acumulación de conocimientos, la sabiduría es la síntesis de experiencia, intuición, valores éticos y comprensión profunda del mundo y de un ser humano en permanente evolución. Nos ha permitido construir civilizaciones, resolver conflictos y encontrar propósito en medio de la incertidumbre. Sin embargo, en un mundo cada vez más dominado por la tecnología y la inteligencia artificial, nos enfrentamos a una transformación inquietante: el surgimiento de un nuevo tipo de inteligencia que amenaza con reemplazar lo más vital de nuestra sabiduría;
El valor de la sabiduría humana
La sabiduría no es solo funcional; es profundamente humana. Surge del encuentro con “el otro”, de la empatía, la reflexión y la conexión emocional y espiritual. Es un proceso imperfecto y lento, pero en su imperfección radica su humanidad. Nos permite reconocer nuestras limitaciones, aprender de los errores y buscar un equilibrio entre lo racional y lo emocional, lo práctico y lo ético, lo justo y lo político.
La sabiduría humana ha sido el fundamento de los grandes logros de la humanidad: las declaraciones de derechos, los avances científicos con propósito ético, las obras artísticas que trascienden el tiempo. Es la cualidad que nos ha permitido trascender nuestras necesidades inmediatas para construir un legado colectivo.
La amenaza de una sabiduría digital
En contraste, la sabiduría digital que emerge en la actualidad está profundamente ligada a la tecnología. Se basa en datos, patrones y algoritmos. Los sistemas de inteligencia artificial analizan información a velocidades inimaginables e inalcanzables, encuentran soluciones optimizadas y proveen información valiosa para tomar decisiones basadas en lógica matemática. Aunque estas capacidades son impresionantes, carecen de la profundidad ética, la empatía y la intuición que caracterizan a nuestra sabiduría humana.
La promesa de esta sabiduría digital es atractiva: mayor eficiencia, precisión y objetividad. Sin embargo, su implementación plantea una pregunta crucial: ¿Qué sacrificamos cuando sustituimos nuestra sabiduría con inteligencia artificial?
El riesgo de la sustitución
La sustitución de la sabiduría humana por la digital podría erosionar lo que nos hace verdaderamente humanos. Si bien la tecnología puede replicar procesos de decisión, carece de conciencia, intencionalidad y conexión con el significado. La sabiduría humana, por ejemplo, no solo resuelve problemas; los interpreta a la luz de los valores y las consecuencias a largo plazo. ¿Cómo podemos confiar en que una máquina, programada por humanos, capture la complejidad de los dilemas éticos y las emociones que conforman nuestras decisiones?
Además, la dependencia excesiva de una sabiduría digital podría generar una desconexión entre las personas. En lugar de buscar soluciones colaborativas y reflexivas, podríamos delegar nuestras decisiones a sistemas que carecen de humanidad, reduciendo nuestra capacidad para aprender y crecer como individuos y sociedades.
¿Hacia dónde vamos?
La evolución tecnológica es inevitable, pero debemos preguntarnos si estamos utilizando esta transformación para complementar nuestra sabiduría o para sustituirla. El peligro radica en que, al priorizar la eficiencia sobre la reflexión, podríamos perder la capacidad de conectarnos profundamente con nosotros mismos y con los demás.
Esta transición requiere un equilibrio consciente: reconocer los beneficios de la tecnología sin sacrificar la esencia de nuestra humanidad. La sabiduría digital puede ser una herramienta poderosa si se utiliza como un apoyo, no como un reemplazo. Sin embargo, esto exige que mantengamos viva la capacidad de reflexionar, cuestionar y priorizar lo que realmente importa.
Una llamada a la reflexión
El surgimiento de una sabiduría digital plantea un desafío existencial: ¿podemos preservar lo más vital de nuestra inteligencia en un mundo que prioriza lo mecánico sobre lo humano o lo rápido sobre lo reflexivo? La respuesta dependerá de nuestra voluntad de recordar que la sabiduría no es solo eficiencia; es humanidad, conexión y propósito.
Mientras avanzamos hacia el futuro, debemos reconocer que la verdadera evolución no consiste en sustituir lo humano, sino en integrarlo con lo tecnológico para construir un mundo donde la sabiduría siga siendo el corazón de nuestras decisiones, no una reliquia del pasado. La tecnología puede darnos respuestas rápidas, pero solo nuestra sabiduría puede guiarnos hacia respuestas significativas.
Autor: Jorge Valenzuela F.– Gerente General y Fundador de Transtecnia S.A.
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Últimos comentarios
Es la realidad, que tenemos y aprox. 15 años de malgastar inútilmente recursos donde no debíamos, orientar éstos a tecnificar…
Estimado, sus palabras no pueden ser más acertadas. Atentamente. Patricia.
Totalmente de acuerdo.
La verdad sea dicha, mientras existan profesionales que se dejen manipular para presentar EEFF irregulares, cualquier sistema que se invente…
Es muy cierto lo que usted describe, pero el o los culpables no son los que emiten informes en planillas;…
2 comments on “La sabiduría humana; ¿Hacia dónde vamos a partir del 2025?”
Excelente análisis con el cual concuerdo plenamente y es, lo que a mis años me pone temerosa que las nuevas generaciones no logren advertir este riesgo, porque tenemos jóvenes donde la inmediatez y lo fácil y donde el esfuerzo sea el mínimo, han crecido y estamos formando; hay que reconocerlo.
Entonces estos jóvenes serán los que en un futuro muy próximo van a ser los empresarios, los colaboradores, los altos ejecutivos que van a dirigir las empresas, la sociedad, el país, el mundo.
¿Cómo enseñamos a estas nuevas generaciones y las que se vendrán, de lo crucial y necesario que es mantener la sabiduría humana?… si la IA los tiene deslumbrados
Me encantó su artículo, le dio justo en el clavo.