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Boletín Informativo
24.10.2026
¿Vamos a desperdiciar décadas de experiencia empresarial por obsolescencia tecnológica?
Hay una pregunta que últimamente me inquieta.
¿Qué ocurrirá con miles de empresarios, gerentes, administradores y profesionales que acumulan 30, 40 o incluso 50 años de experiencia, pero comienzan a sentirse ajenos a esta nueva era digital?
Durante décadas administraron empresas, enfrentaron crisis, contrataron personas, negociaron con bancos, conocieron clientes, gestionaron caja, se equivocaron y volvieron a empezar. Tomaron decisiones sin tener toda la información y aprendieron cosas que ningún libro ni universidad puede enseñar completamente.
Ahora, casi de repente, todo es digital y el lenguaje de los negocios cambió:
Cloud, datos, API, integraciones, automatización, trazabilidad, ciberseguridad, Business Intelligence, Inteligencia Artificial y agentes IA.
Palabras que antes apenas aparecían en una reunión de gerencia y que pronto serán indispensables para dirigir una empresa.
Aparece así una paradoja:
Tenemos personas con enorme experiencia empresarial que comienzan a sentirse inseguras frente a la tecnología, y generaciones familiarizadas con ella que aún no han acumulado esa experiencia.
¿Tenemos necesariamente que elegir entre unas y otras?
Creo que no.
Quizás las personas no quedan obsoletas
Se habla mucho de obsolescencia profesional, pero quizá usamos mal el concepto.
Las personas no necesariamente quedan obsoletas.
Pueden quedar obsoletas ciertas herramientas, conocimientos o formas de realizar procesos. Todo eso puede aprenderse nuevamente.
La experiencia, en cambio, necesita tiempo. No existe un curso de seis meses que entregue 30 años de decisiones empresariales.
Por eso sería absurdo desperdiciarla.
El verdadero problema no es saber utilizar tecnología
Un empresario de 65 o 70 años no necesita convertirse en programador, desarrollar una API ni ser científico de datos. Tampoco necesita conocer la matemática de un modelo de Inteligencia Artificial.
Pero sí debe comprender lo suficiente para preguntar:
¿Dónde están los datos de mi empresa?
¿Quién puede acceder a ellos y están protegidos?
¿Mis sistemas están integrados?
¿Puedo seguir una operación de principio a fin?
¿Puedo confiar en la información de mi tablero de gestión?
¿Qué procesos puedo automatizar y qué puede hacer la Inteligencia Artificial por mi empresa?
Y pronto:
¿Qué decisiones estoy dispuesto a permitir que tome un agente IA?
Eso no es informática.
Eso es dirección empresarial.
Aquí aparece una nueva brecha digital
Durante años asociamos la brecha digital de las personas mayores con dificultades para usar computadores, teléfonos o aplicaciones.
Pero comienza a aparecer otra, mucho menos visible:
La brecha digital de quienes toman decisiones
Un gerente puede seguir ocupando su oficina, asistiendo a reuniones y firmando contratos. Pero si deja de comprender la infraestructura tecnológica de su empresa, puede perder capacidad para cuestionar, evaluar y decidir.
Entonces ocurre algo peligroso:
Empieza a delegar no solo la tecnología, sino parte de su capacidad de dirección.
La Inteligencia Artificial hará esta brecha más evidente
Hasta ahora, gran parte de la tecnología empresarial era relativamente pasiva: registraba, calculaba, procesaba e informaba.
La Inteligencia Artificial puede interpretar, analizar, proponer y, mediante agentes IA, también actuar.
Un agente podría recibir una factura, interpretarla, verificarla, contabilizarla, revisar la disponibilidad financiera, preparar un pago y solicitar autorización.
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Tu mejor decisión:
Innovación, propósito y trayectoria.
La pregunta ya no será solo:
¿Qué puede hacer la tecnología?
Sino:
¿Qué estamos dispuestos a permitirle hacer?
¿Hasta dónde tendrá autonomía? ¿Quién la controlará? ¿Qué permisos tendrá? ¿Qué decisiones requerirán autorización humana? ¿Quién será responsable si se equivoca?
Estas decisiones no pueden quedar exclusivamente en manos de especialistas tecnológicos.
Son decisiones de dirección.
¿Y si hacemos exactamente lo contrario?
En lugar de reemplazar a las generaciones anteriores por personas más digitales, podríamos preguntarnos:
¿Qué ocurriría si agregamos capacidades digitales e Inteligencia Artificial a 30 o 40 años de experiencia empresarial?
Ahí cambia la ecuación:
Experiencia + conocimiento digital + Inteligencia Artificial.
Una persona experimentada que aprende a utilizar IA no pierde su experiencia.
La amplifica.
Tenemos un desafío educativo
No basta con enseñar a las personas mayores a utilizar aplicaciones. Para empresarios y directivos necesitamos enseñar un nuevo lenguaje de los negocios:
Datos, integración, automatización, trazabilidad, ciberseguridad, Business Intelligence, Inteligencia Artificial y agentes IA.
Pero desde una perspectiva empresarial, no para convertirlos en técnicos.
Para que puedan seguir dirigiendo
Universidades, empresas tecnológicas y organizaciones empresariales deberíamos trabajar conjuntamente en esta tarea.
Porque estamos frente a algo más importante que una brecha generacional: el riesgo de perder conocimiento acumulado durante décadas.
La experiencia sigue teniendo valor
La tecnología cambia rápidamente. La experiencia se construye lentamente.
Por eso debemos ser cuidadosos antes de considerar obsoleta a una generación simplemente porque cambió la tecnología que utiliza.
Tal vez nuestra responsabilidad sea construir el puente entre experiencia y tecnología.
El futuro no debería pertenecer exclusivamente a quienes entienden tecnología ni a quienes tienen experiencia.
El verdadero potencial está en quienes logren unir ambas.
La pregunta no es si la Inteligencia Artificial reemplazará a los empresarios y ejecutivos de mayor experiencia.
Es mucho más desafiante:
¿Cuánto conocimiento empresarial estamos dispuestos a desperdiciar porque no fuimos capaces de actualizar sus herramientas?
Invito a universidades, empresas tecnológicas y organizaciones empresariales a diseñar juntos programas que actualicen las herramientas digitales de quienes tienen experiencia, sin reemplazar el conocimiento construido durante décadas.
Esta realidad no cambiará por sí sola.
Tenemos que cambiarla juntos.
Jorge L. Valenzuela.
Socio Fundador de Transtecnia S.A.
Artículo elaborado con apoyo editorial de IA.
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Grs. por el informativo, muy buen punto y sería bueno hacercelo llegar a algunos parlamentarios.
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