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Artículo de Opinión
Boletín Informativo
xx.10.2026
¿Sabe usted en qué estado está la contabilidad de su empresa?
Hay una frase muy común entre empresarios: “no sé, eso lo ve el contador”. Y durante décadas tuvo bastante sentido.
En el mundo Legacy, la contabilidad estaba basada en documentos físicos, digitación y procesamiento manual. La información inevitablemente llegaba tarde. Cuando finalmente se cerraba un período, muchas decisiones del negocio ya habían sido tomadas.
Por eso nos acostumbramos a exigirle a la contabilidad fundamentalmente tres cosas: ¿cuánto ganamos?, ¿cuánto perdimos?, ¿cuánto debemos pagar de impuestos? Para las posibilidades tecnológicas de esa época, conseguir responder correctamente esas preguntas ya era suficiente.
El problema es que nos quedamos con esa idea de la contabilidad.
Hoy los hechos económicos nacen cada vez más digitalmente. La factura es electrónica, los pagos son digitales, los movimientos bancarios nacen digitales, las remuneraciones se procesan digitalmente. Los sistemas pueden integrarse y muchos procesos pueden automatizarse.
Entonces aparece una pregunta diferente: si cambió la forma en que ocurren los negocios, ¿no debería cambiar también nuestra relación con la contabilidad?
Una pregunta para empresarios, socios y gerentes
No se trata de convertirse en contador. Se trata de saber si podemos confiar en la información con la que administramos.
Pregúntese: ¿hasta qué mes está cerrada mi contabilidad?, ¿existen ajustes importantes pendientes?, ¿están conciliados los bancos?, ¿están conciliadas las cuentas de clientes y proveedores?, ¿existen partidas antiguas que nadie ha aclarado?, ¿tenemos cuentas “saco” donde terminan operaciones que no sabemos cómo clasificar?, ¿existen contingencias tributarias o laborales que debería conocer?, ¿puede modificarse un período cerrado?, ¿quién puede hacerlo y qué evidencia queda?, ¿nuestro plan de cuentas permite obtener la información que hoy necesita la empresa?
Y una pregunta particularmente importante: ¿los informes con los cuales administramos provienen realmente de nuestra contabilidad? ¿O estamos administrando principalmente desde planillas electrónicas, informes paralelos y dashboards cuya relación con la contabilidad no siempre podemos demostrar?
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Un dashboard puede ser atractivo y estar equivocado
Excel, Business Intelligence, dashboards y ahora la Inteligencia Artificial son extraordinarias herramientas. El problema no está en utilizarlas. El problema aparece cuando olvidamos preguntar: ¿de dónde salió este número?
Un gráfico espectacular no transforma un dato incorrecto en información confiable. Un dashboard en tiempo real tampoco corrige una contabilidad atrasada. Y la Inteligencia Artificial y agentes IA no puede reconstruir con certeza aquello que nunca registramos correctamente.
Antes de admirar la presentación deberíamos poder confiar en su origen.
Del “confío en mi contador” a “confío en mi contabilidad”
Esta distinción me parece fundamental. Confiar en las competencias profesionales del contador es importante. Pero una empresa no debería depender exclusivamente de la confianza en una persona. Deberíamos avanzar hacia algo más sólido: confianza sustentada en evidencia.
El empresario no necesita revisar cada asiento contable. Pero debería poder conocer algo que pocas empresas miden formalmente: el estado de salud de su contabilidad.
¿Está actualizada?, ¿está cerrada?, ¿está conciliada?, ¿tiene ajustes pendientes?, ¿existen excepciones?, ¿hay contingencias conocidas?, ¿los datos están completos?, ¿los cambios relevantes dejan trazabilidad?, ¿los informes de gestión pueden reconciliarse con ella?
Responder esas preguntas no es hacer el trabajo del contador. Es administrar.
La contabilidad no pertenece solamente al contador
El contador tiene una responsabilidad profesional fundamental sobre ella. Pero la información contable representa la realidad económica de la empresa. Y esa realidad también pertenece a quienes deben tomar decisiones sobre ella: empresarios, socios, gerentes, administradores y directorios.
El mundo Legacy nos acostumbró a recibir la contabilidad cuando el período había terminado. El mundo digital nos ofrece una posibilidad completamente diferente: utilizarla mientras el negocio está ocurriendo.
Por eso quizás necesitamos cambiar una frase profundamente instalada. En lugar de “no sé, eso lo ve el contador”, deberíamos comenzar a decir: “lo ve mi contador, pero yo sé en qué estado está mi contabilidad y sé si puedo confiar en ella”.
Porque un empresario no necesita saber hacer la contabilidad. Pero sí necesita saber si puede administrar confiando en ella. Y esa diferencia puede cambiar profundamente la manera en que entendemos la gestión de una empresa.
Jorge L. Valenzuela.
Socio Fundador de Transtecnia S.A.
Artículo elaborado con apoyo editorial de IA.
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Últimos comentarios
Muy acertado los comentarios.Ojala se enteraran los señores parlamentarios de las distinta bancadas y legislaran de una vez a favor…
Grs. por el informativo, muy buen punto y sería bueno hacercelo llegar a algunos parlamentarios.
Genial, don Jorge, en realidad los Adultos Mayores, crearon riqueza para el País y si lo siguen haciendo. Debieran dar…
Primero que nada,se debería bajar los sueldos millonarios de la cupula. Segundo Hacer una auditoria externa. Tercero,disminuir puestos políticos. Después…
En este articulo queda una pregunta sin responder: ¿Cual es el resultado financiero de Codelco? medido con las regalas contables…